Recordando lo comentado en clase respecto a la necesidad de generar momentos de aula para hablar y desarrollar todas las dimensiones que intervienen en lo oral (códigos verbales, no verbales y paraverbales), aprovechemos esta entrada para enumerar (lluvia/torbellino de ideas) dinámicas de aula que propicien el acto oral (y su evaluación).
¿Tienes, por otra parte, algún hallazgo extraordinario? Siempre podrás compartirlo en el aula con la técnica del EP (TEPi) y medir así, en tu grupo, tu destreza comunicativa oral.
Recuerda: imagina que debes convencer al grupo
de tu idea, de la valía de tu enunciado. Esta técnica comunicativa (elevator "pitch" o elevator speech), te permite, de modo breve,
contundente y fundamentado, garantizar la atención para poder desarrollar la idea en otro momento posterior, si hiciese falta. Se trata de concentrar la eficacia comunicativa en un tiempo reducido...
No olvidemos recursos como la plataforma TED
(para ilustrar, previa nuestra selección, con modelos de personas
elocuentes en su disertación oral), o dinámicas que supongan un reto y a
la vez la diversificación de los discursos e intervenciones orales en
torno a ellas.
TAREA: consulta algunos "apuntes" (se identificarán en el mercadillo como materiales didácticos per se)
del Dosier I sobre los lenguajes concernidos en la oralidad.
Indica
aquí dinámicas y actividades que creas que favorecen el hablar, es
decir, que generen oportunidades para expresarse oralmente en el aula
... Recuerda que se trata, también, de que permee lo metalingüístico...

Holii
ResponderEliminar¡Muy buenas a todos!
ResponderEliminarDinámicas para generar momentos en el aula de este tipo existen muchas, ya sean trabajos en grupo, simulación de "citas", dinámica de expertos; entre otras. No obstante, quiero plantear una idea más específica.
ResponderEliminarMi idea de una actividad para tratar todo esto sería la generación de un "teatro ciego" en el aula. Básicamente, el alumnado debería elegir un fragmento de una obra de teatro. No obstante, tras su elección, el profesor comunicaría el tipo de registro que tendría que usar el alumno para representar su papel. De este modo, por ejemplo, podría darse la situación de que un alumno tuviese que interpretar a una Bernarda Alba informal, tanto a nivel verbal, como paraverbal, como no verbal; adecuándose de esta manera a los contextos comunicativos, mientras trabajan la obra literaria de una manera entretenida mediante una dinámica de grupo.
A veces es complicado involucrar al alumnado en una dinámica o que participe oralmente en clase, ya que el miedo y la inseguridad puede general cierto bloqueo, por eso creo que es importante "aprovechar" sus pasiones e intereses y utilizarlas a nuestro favor. Un buen mecanismo podría ser poner en clase una canción del artista del momento (Rosalía, Quevedo, Bad Bunny...) que veamos que puede tener contenido para el aula, o bien por emplear en sus letras la variedad de habla canaria, por presencia de metáforas, por temas sociales... Y formular una pregunta en base a ello, algo que haga despertar su pasión. Estoy segura de que una actividad de este tipo sería muy buena idea para romper el hielo y que se vayan animando a participar, incluso los más tímidos.
ResponderEliminarPara fomentar la oralidad se pueden proponer distintas actividades empleando varios tipos de agrupamientos (individual, por parejas o en pequeños grupos) con el fin de favorecer tanto la expresión como la interacción. A continuación, les presento una lluvia de ideas de actividades que se podrían llevar al aula:
ResponderEliminarEntrevistas: el alumnado prepara y realiza entrevistas a compañeros, docentes o personas externas, ya sea de manera presencial o en formato audiovisual.
Podcast: los discentes crean audios sobre algún tema trabajado en clase, por ejemplo: los bulos y la desinformación.
Debates: organizados en pequeños grupos o en gran grupo, permiten confrontar ideas sobre un tema concreto y desarrollar la argumentación.
Lectura en voz alta: de forma individual o compartida, favorece la mejora de la dicción, la entonación y la fluidez.
Piensa, habla y comparte: tras una pregunta inicial, el alumnado reflexiona individualmente, comenta sus ideas con un compañero y, finalmente, las comparte con el grupo. Esta estructura facilita la organización del pensamiento y refuerza la seguridad al intervenir.
Improvisación: a partir de algunas propuestas, los estudiantes deben intervenir de manera espontánea, potenciando la creatividad y la agilidad verbal.
En cuanto a la evaluación, puede abordarse desde un enfoque formativo y continuo mediante rúbricas que tengan en cuenta la claridad expositiva, la coherencia y organización del discurso, la adecuación al contexto y al registro, la pronunciación y entonación, la capacidad de argumentación y la escucha activa. Asimismo, pueden emplearse listas de control, grabaciones para la autoevaluación y coevaluación, y observación directa del docente.
La oralidad en el aula es fundamental para fomentar competencias comunicativas, ya que integra códigos verbales, no verbales y paraverbales. Propone a continuación dinámicas y actividades que fomenten la expresión oral, creando tareas para comunicarse verbalmente y desarrollando la conciencia metalingüística, tales como presentaciones rápidas (EP/TEP), debates breves, narraciones o micro-presentaciones inspiradas en TED. La evaluación toma en cuenta tanto el contenido como la manera de expresarlo, incluyendo autoevaluación y coevaluación para que los discentes reconozcan que comunicar de manera efectiva significa transmitir ideas con claridad, persuasión y control de la forma de hablar. Un ejemplo, es un debate breve: tema polémico, de 1 a 2 minutos por intervención, roles que se cambian, se aprecia la claridad, los gestos, la voz y la escucha activa. Otra actividad opcional, puede ser un mini-elevator pitch de 60 segundos para resumir el punto de vista, reforzando la habilidad de síntesis, la entonación y el uso de gestos.
ResponderEliminarUna propuesta que puede propiciar la participación oral en el aula es la adaptación del taller de escritura creativa impartido por José Luis Correa. En gran grupo, el docente inicia la narración con la fórmula clásica “Érase una vez…” y, a partir de ahí, cada alumno debe aportar una oración para ir construyendo, entre todos, una historia compartida.
ResponderEliminarPara que la historia avance con cierta estructura y no se convierta en una mera sucesión de frases inconexas, el docente puede intervenir como mediador discursivo, lanzando preguntas que orienten la construcción narrativa: ¿quién es el protagonista?, ¿dónde ocurre la acción?, ¿qué problema surge?, ¿cómo se resuelve?
Al finalizar la creación, se abre un espacio de reflexión colectiva sobre los elementos que componen un cuento. Se puede analizar qué estructura hemos seguido, qué conflicto ha articulado la trama o si el desenlace resulta coherente con el desarrollo previo. Además, esta es una oportunidad para que permee lo metalingüístico: identificar los conectores utilizados, observar los tiempos verbales predominantes o comentar el uso de adjetivos. De esta forma, el alumnado no solo cuenta una historia, sino que toma conciencia de cómo se construye un texto narrativo desde la oralidad.
En relación con la evaluación, considero adecuado emplear un registro anecdótico de participación porque más que centrarse en el producto final, pone el foco en el proceso comunicativo, valorando la implicación y la evolución de cada alumno en su competencia oral.
¡Muy buenas! :) Se me vienen a la mente diversas dinámicas y recursos para fomentar la oralidad en el aula y cabe recalcar que estas dinámicas pueden ser llevadas a cabo en parejas o en grupos reducidos. Por ejemplo, se pueden organizar unos "speed datings" 'encuentros fugaces' literarios o temáticos, a través de los cuales los alumnos deben sentarse en dos filas enfrentadas y disponen de dos minutos para explicarle a su pareja un concepto u opinión, con el tiempo agotado, una fila se encarga de rotar. En esta misma línea, otra dinámica consiste en la pecera, en la cual un grupo pequeño debate en el centro mientras el resto observa en círculo exterior. Los de afuera toman apuntes sobre los argumentos empleados, la expresión oral y los aspectos paraverbales, lo que fomenta la reflexión y metacognición sobre el uso de la lengua para aportar una opinión y debatir. Por último, es pertinente añadir la dinámica del juicio crítico, durante la cual se asignan papeles (fiscal, defensa, testigos o jurado) que deben regirse por unos guiones mínimamente trabajados y comunicativamente apropiados para la figura que les haya tocado, siempre acerca de un conflicto literario, histórico o ético propuesto e introducido brevemente por el docente. En otro orden de cosas, considero que como práctica docente previa para impulsar la oralidad, se deben destinar algunos momentos a verificar si los alumnos han asimilado los contenidos, si pueden explicarlos en palabras propias o familiares de manera adecuada o si son capaces de reconocer las partes que no encajan para ellos y trasladar estas dudas.
ResponderEliminarMe gustaría compartir una dinámica que plantearon en clase unos compañeros durante la fase general que me gustó mucho. Consiste en formar un círculo y lanzar un ovillo; la primera persona debe contar una anécdota, una inquietud o lo primero que se le ocurra, de modo que, cuando termine, otra persona que se sienta identificada o que quiera compartir su experiencia reciba el ovillo, después de que la primera persona agarrara un extremo. Esto se repite una y otra vez, de forma que al terminar la actividad, se ha formado una especie de "tela de araña" entre todos. Mediante esta actividad se trabaja la oralidad y, además, los estudiantes tienen la oportunidad de compartir aspectos personales con sus compañeros, de forma que fomenta el sentido de pertenencia al grupo y fomenta la escucha activa.
ResponderEliminarPueden favorecerse las oportunidades de expresión oral mediante dinámicas como debates estructurados con pausas de reflexión, role-play de situaciones reales que permitan trabajar la adecuación al registro y los actos de habla, tertulias o pódcast sobre lecturas en los que se fomente la opinión fundamentada, actividades de reformulación para mejorar la precisión léxica y la cohesión, o incluso mini-lecciones impartidas por el propio alumnado sobre contenidos gramaticales. En todas ellas, la clave no es solo hablar más, sino integrar la dimensión metalingüística, es decir, reflexionar explícitamente sobre cómo se construye el discurso, qué recursos lingüísticos se emplean y cómo pueden mejorarse, de modo que la oralidad se convierta también en una vía consciente de aprendizaje de la lengua.
ResponderEliminarA mí para esta entrada me gustaría rescatar tres dinámicas de cuando era alumno en 1ºESO.
ResponderEliminarEn aquel tiempo, tuve un excelente profesor llamado Alberto que, en ocasiones, al llegar al aula nos solicitaba que hablásemos con nuestro compañero de mesa. Simplemente nos pedía que hablásemos de lo que quisiéramos con ellos, pero que hablásemos. Luego él pasaba por las mesas, escuchando y tomando notas.
También solía pedirnos que nos preparásemos una presentación oral, sin material audiovisual de apoyo, en la que habláramos 5 minutos de lo que quisiéramos delante de toda la clase. Esto lo hacíamos una vez al trimestre y, aunque al principio los nervios traicionaban a más de uno, luego todos éramos capaces de hablar tranquilos y cómodos ante toda nuestra clase.
Por último, aprovechando que nos exigía leer un libro de nuestro interés cada trimestre, al final de cada uno de los trimestre nos pedía realizar una pequeña exposición de nuestra lectura ante el resto de compañeros.
Con estas dinámicas, Alberto conseguía trabajar la oralidad al mismo tiempo que, poco a poco, perdíamos el miedo a hablar en público.
Los lenguajes concernidos en la oralidad son el lenguaje verbal (escuchar y hablar), el no verbal (gestos, distancias, movimiento, etc.), y el paraverbal (tono, timbre, ritmo, entonación, pausas, etc.). A continuación, se enumera una lluvia de ideas de dinámicas que pueden llevarse a cabo en el aula para trabajar y evaluar estos lenguajes en tiempo real:
ResponderEliminar-Exposición: la dinámica más tradicional. Permite evaluar individual o grupalmente la adecuación al registro formal.
-Debate: dinámica grupal que permite la confrontación de ideas y, por tanto, la evaluación del desarrollo de las habilidades blandas.
-Entrevista: juego de rol por parejas que, de nuevo, permite la práctica de las habilidades blandas. Además, como tal, puede servir como una especie de entrenamiento para las entrevistas del mundo real; si la clase es de ciencias, ¿por qué no fingir que la pareja se compone de un director de laboratorio y un científico?
-Relato: narración individual que permite trabajar la oralidad de forma más creativa, lo cual también podría evaluarse. Por supuesto, se trabajarían contenidos de literatura, y permite, incluso, la práctica lúdica a través de los típicos dados de cuentacuentos.
El análisis metalingüístico constituiría el paso final de todas estas dinámicas. Basta con guiar al alumnado para que se plantee preguntas tales como: "¿qué hace que un discurso sea claro?", "¿qué conectores he utilizado?", "¿he usado los suficientes sinónimos?", "¿qué gestos demuestran inseguridad?", "¿mi ritmo era el adecuado?".
Buenos días.
ResponderEliminarComo docentes de Lengua Castellana y Literatura resulta imprescindible que fomentemos la expresión oral de nuestro alumnado. Para ello, podemos servirnos de una amplia variedad de estrategias didácticas o actividades que generen oportunidades para expresarse oralmente en el aula.
Personalmente, creo que es interesante que la expresión oral se dé en diferentes tipos de agrupamientos (en parejas, pequeños grupos y grandes grupos), para que aquel estudiante que se sienta más cohibido a participar también pueda hacerlo. En este sentido, me gusta la estrategia de 1–2–4, muy utilizada en el aprendizaje cooperativo. En ella, los discentes deben reflexionar de manera individual para luego compartir las ideas en parejas y, finalmente, en grupo. Así, deben generar una interacción de calidad, donde contrastan sus ideas y reformulan sus aportaciones.
Otra dinámica que me gusta y que favorece la expresión oral es la técnica del rompecabezas (Jigsaw). En ella, cada estudiante es experto en una parte y debe enseñarla al grupo. Así, se genera una necesidad real de hablar y compartir información con sus compañeros para llegar a un entendimiento común.
Finalmente, si quisiera salir de lo convencional y proponer una actividad más creativa, utilizaría el role-play o las simulaciones. Así, le pediría a mi alumnado que simulara estar, por ejemplo, en una entrevista de trabajo. Esta actividad nos da la oportunidad de trabajar un lenguaje más formal y más alejado de la realidad actual de nuestro alumnado. Asimismo, al tratarse de una actuación, estarán sirviéndose de todas las dimensiones que intervienen en lo oral (códigos verbales, no verbales y paraverbales).
Con estas actividades se pretende no solo que los discentes se acostumbren a hablar en público, sino que trabajen la dimensión metalingüística, donde reflexionen sobre cómo construyen su discurso y cómo pueden mejorarlo.
El dominio de la comunicación oral, tanto en contextos formales como informales, constituye un pilar fundamental para el aprendizaje de cualquier idioma, ya sea materno o extranjero. Por tanto, es tarea del profesorado potenciar que el alumnado adquiera y mejore las habilidades necesarias para el diálogo. En el ámbito de la oralidad, además, no solo interviene el lenguaje oral (hablar o escuchar), sino que también participan el lenguaje no verbal (corporal, gestual, de las distancias…) y el lenguaje paraverbal (tono, timbre, ritmo, entonación, pausas…).
ResponderEliminarEn mi opinión, la dinámica más completa para abordar la oralidad en el aula es la exposición preparada, puesto que permite al docente evaluar varias etapas del trabajo realizado. Por un lado, la recogida y organización de los datos, el guion y el soporte visual de apoyo; por otro, la producción del discurso (volumen, mirada, gestos, corrección, fluidez...); y, por último, la reflexión sobre el proceso de preparación y la autorregulación del discurso, entre otros.
En cuanto al trabajo de la expresión espontánea, para ello, se pueden adoptar muchas de las actividades que se proponen en el aprendizaje de segundas lenguas: describir una imagen, explicar una infografía al compañero o simular situaciones de la vida cotidiana (entrevistas de trabajo, pedir comida en un restaurante, reservar en un hotel...) en las que los estudiantes improvisan su intervención oral y aprenden el lenguaje funcional. Por otra parte, con el debate, se abordan numerosos saberes: precisión léxico-semántica, adecuación, capacidad de persuasión, presentación clara de las ideas y de los argumentos. Por último, tal y como hemos podido observar, los juegos de mesa temáticos presentan también un considerable potencial comunicativo para el aula.
El análisis metalingüístico se plantea como el colofón de todas las dinámicas, por ejemplo, a partir de la coevaluación («¿Qué palabra utilizó tu compañero que te resultó interesante, eficaz o desconocida?») y de la autoevaluación («¿En algún momento sentiste que no te salía la palabra adecuada?», «¿cómo lo solucionaste?»).
Buenas tardes:
ResponderEliminarSi partimos de que la oralidad implica la integración consciente de los códigos verbal, no verbal y paraverbal, considero que el aula debe convertirse en un espacio donde hablar no sea algo puntual, sino estructural. Es decir, no solo “hacer exposiciones”, sino diseñar situaciones en las que el alumnado necesite expresarse, ajustar su discurso al contexto y reflexionar sobre cómo lo hace.
Propongo, en primer lugar, introducir retos comunicativos semanales vinculados a su realidad. Por ejemplo, presentar en dos minutos una recomendación cultural (serie, libro, videojuego, creador de contenido) justificando por qué merece la pena. El objetivo no sería solo el contenido, sino analizar después qué estrategias han utilizado para captar la atención: inicio impactante, ejemplos concretos, cambios de tono, uso del espacio del aula, etc.
Otra posibilidad sería trabajar la defensa oral de opiniones impopulares. Se les asignaría a los discentes una postura contraria a la mayoritaria sobre un tema cercano a su contexto (uso del uniforme, límites del humor en redes, deberes sí o no…). De esta manera, deben argumentar desde un lugar incómodo, lo que obliga a estructurar mejor el discurso y cuidar especialmente la claridad y la coherencia. Posteriormente, se abriría un espacio metalingüístico para analizar qué recursos han ayudado a sostener la argumentación.
También plantearía dinámicas de traducción de códigos: explicar un concepto académico (por ejemplo, una figura literaria o un movimiento artístico) como si se estuviera hablando en un directo de redes sociales, y después reformularlo en un registro formal, como si fuera una conferencia. Este contraste permite trabajar la adecuación, el léxico y la modulación de la voz, además de hacer explícita la relación entre contexto y elección lingüística.
En relación con el EP o elevator pitch, propondría un “minuto de oro” al finalizar determinadas unidades: en grupos deben convencer al grupo clase de que una idea trabajada en el aula es especialmente relevante. El reto está en sintetizar, jerarquizar información y proyectar seguridad corporal. Como modelo inspirador de comunicación eficaz, podrían analizarse previamente intervenciones seleccionadas de algunas charlas TED, observando cómo estructuran el mensaje y cómo utilizan silencios, pausas y gestos.
Asimismo, introduciría momentos de oralidad espontánea regulada, donde el alumnado deba reaccionar a una imagen, titular o dato sorprendente proyectado en clase. No se trata de improvisar sin reglas, sino de organizar rápidamente las ideas y expresarlas con claridad en intervenciones breves.
En cuanto a la evaluación, considero imprescindible que sea formativa y visible. Podrían utilizarse rúbricas centradas en tres bloques: construcción del discurso (coherencia, conectores, precisión léxica), dimensión paraverbal (entonación, ritmo, volumen) y dimensión no verbal (postura, contacto visual, naturalidad gestual). Tras cada actividad, dedicaría unos minutos a la reflexión guiada: ¿qué ha funcionado?, ¿qué muletillas han aparecido?, ¿qué estrategias ayudaron a mantener la atención?, ¿cómo se podría reformular una idea para hacerla más clara?
En definitiva, generar oportunidades para hablar en el aula implica normalizar la palabra como herramienta de pensamiento y no solo como producto evaluable. Si conseguimos que el alumnado sea consciente de cómo construye su discurso y de cómo su cuerpo y su voz influyen en él, estaremos trabajando no solo la oralidad, sino también la competencia comunicativa de manera integral y crítica.
Como ya es sabido, en el contexto de la oralidad intervienen el lenguaje verbal (oír, escuchar o hablar), el no verbal (distancias, gestos, tacto) y el paraverbal (tono, ritmo, pausas, entonación). Para hacer de nuestro alumnado oradores óptimos, es necesario llevar al aula actividades que contribuyan al desarrollo de las tres parcelas mencionadas. La forma más indicada para hacerlo es mediante la participación en situaciones comunicativas reales que sean tanto formales como informales. Dentro de las informales podríamos incluir los debates improvisados, las reflexiones en gran grupo, o la lectura de textos teatrales y poéticos en el aula, todo lo cual se puede dinamizar, para hacerlo más interesante, con estrategias como, por ejemplo, la que activamos al pasarnos el corazón de goma durante la sesión en la que leímos poemas de amor. Otra que podría ser llamativa y que también hicimos es este máster es la del ovillo de lana, por la que, con cada intervención, los alumnos se pasan un ovillo entre sí, sujetando cada uno un pedazo de hilo al acabar y formando, una vez hayan participado todos, un “tapiz” que simbolice el recorrido de las intervenciones en el aula. Siguiendo en la línea de actividades informales, podrían hacerse, incluso, improvisaciones literarias orales, al estilo de los aedos griegos. Por ejemplo, podría activarse una suerte de “relato encadenado oral” por el que cada alumno amplíe la historia que empezase o continuase su compañero anterior, ejercitando así, también, la creatividad.
ResponderEliminarEn el ámbito formal, existe, igualmente, un sinfín de posibilidades para trabajar la oralidad, muchas de ellas ya conocidas y arquetípicamente académicas, sobre todo, la exposición. También caben aquí los debates organizados o los simulacros de actos comunicativos formales no académicos, como los elevator pitch, relativos al ámbito empresarial, o los juicios, vinculados al judicial. Además de los ejercicios orales típicamente académicos, o los relacionados con emular la realidad extraescolar, podrían incluirse aquí, además, los ejercicios artísticos de oralidad, como los recitales de poesía formales o la interpretación de obras de teatro.
El modelo de evaluación que sugeriría para todo ello sería uno heterogéneo, que combine en todo caso la heteroevaluación y la autoevaluación, y aplicando técnicas diferentes para hacerlo que resulten ligeras y amenas para el alumnado, como “dianas de evaluación” o encuestas interactivas. Con esto se garantizaría el ejercicio de la metalingüística, puesto que el docente no sería el único en reflexionar acerca de la expresión y competencia oral del alumno, sino que lo haría siempre el propio estudiante también.
Si algo me quedó claro en clase es que la oralidad no puede reducirse a salir a exponer un trabajo. Hablar implica coordinar lo que decimos (código verbal), cómo lo decimos (paraverbal) y lo que nuestro cuerpo comunica aunque no queramos (no verbal). Por eso, más que actividades sueltas, creo que necesitamos "microespacios" diarios de palabra.
ResponderEliminarPropongo, por ejemplo, el "minuto incómodo": cada día una persona responde a una pregunta inesperada (relacionada con el contenido) sin preparación previa. Después no se comenta tanto “qué dijo”, sino cómo lo dijo: volumen, pausas, postura, mirada. Es breve, pero potente para trabajar seguridad y conciencia corporal.
Otra dinámica podría ser el "doblaje imposible": proyectamos una escena muda (o sin sonido) y, en grupos, deben ponerle voz cuidando intención, ritmo y gestualidad. Luego comparamos versiones y analizamos qué recursos paraverbales cambian el sentido del mensaje. Aquí lo metalingüístico aparece casi sin forzarlo.
También incorporaría el "círculo de reformulación": alguien explica una idea, la siguiente persona debe repetirla con otras palabras; la tercera, sintetizarla en una frase; la cuarta, cuestionarla. Se entrena escucha activa, cohesión y precisión léxica, además de obligar a pensar mientras se habla.
En cuanto a evaluación, me interesa más el proceso que el “discurso perfecto”. Usaría pequeñas escalas de observación centradas en tres focos: claridad de ideas, gestión de la voz y coherencia entre cuerpo y mensaje. Y, siempre que sea posible, autoevaluación guiada: ¿qué gesto repito cuando me pongo nervioso?, ¿hablo demasiado rápido?, ¿uso apoyos innecesarios?
Si normalizamos la oralidad cotidiana, el miedo escénico baja. Cuando hablar deja de ser un examen puntual y se convierte en práctica habitual, la competencia mejora casi sin darnos cuenta. La clave no es convertir la palabra en rutina consciente dentro del aula.
Una dinámica que puede resultar eficaz para trabajar la oralidad es la de “Convénceme en 60 segundos”, una adaptación del elevator pitch al aula. La propuesta es sencilla: al finalizar una unidad o tema, un alumno o alumna debe defender una idea en un minuto. Puede ser recomendar una lectura, justificar la importancia de un concepto o posicionarse ante un tema trabajado en clase.
ResponderEliminarEl reto consiste en captar la atención desde el inicio, organizar bien las ideas y cerrar con una frase contundente. En solo sesenta segundos se activan todas las dimensiones de la oralidad: el código verbal, el paraverbal y el no verbal.
Después de cada intervención, el grupo dedica unos minutos a comentar no solo qué se ha dicho, sino cómo se ha dicho: si la voz ayudó a transmitir el mensaje, si hubo muletillas, si el inicio fue atractivo. Esta pequeña reflexión metalingüística convierte la actividad en algo más que “salir a hablar”: permite tomar conciencia del propio discurso.
Es una dinámica breve, motivadora y muy potente, porque obliga a sintetizar y a comunicar con intención, algo fundamental dentro y fuera del aula.
Propondría una evaluación formativa, centrada en la mejora y no solo en la calificación final. Utilizaría una rúbrica muy sencilla que tenga en cuenta la claridad y organización del mensaje, el uso adecuado de la voz y la coherencia del lenguaje corporal. Después de cada intervención, el alumno realizaría una breve autoevaluación sobre qué ha hecho bien y qué puede mejorar, y el grupo aportaría un comentario constructivo. De este modo, la evaluación se convierte en una herramienta para aprender a comunicar mejor, y no en un momento de juicio puntual.
Muy buenas.
ResponderEliminarAlgunas dinámicas que podrían fomentar la oralidad y su evaluación son las siguientes:
- Exposición oral
- Uso de la radio escolar (noticias, entrevistas, rueda de prensa, etc.)
- "Elevator speech"
- Debates
- Trabajo en grupo
- Metodologías activas (aprendizaje servicio, aprendizaje cooperativo, etc.)
- Dinámicas que fomenten la metacognición oral.
Todas estas opciones pueden aplicarse y adaptarse en el aula según el grupo-clase, utilizando múltiples formas de agrupamiento y distintas formas de evaluar cada producto final que elaboren los estudiantes.
Buenas tardes. Algunas dinámicas que podemos introducir en el aula para fomentar la oralidad de una manera activa para nuestros discentes puede ser:
ResponderEliminar-Un podcast.
-El debate.
-“Elevator pitch”.
-Trabajos en equipos.
-La clase invertida.
-Aprendizaje servicio.
Todas estas dinámicas, no solo fomentan la oralidad en el aula, si no que obliga al alumnado a adaptarse a los diferentes registros del habla enriqueciendo así su oralidad y sus características de comunicación.
Estupendas aportaciones que intentan aglutinar todas las dimensiones concernidas en la oralidad. Téngase en cuenta, también, crear ese clima de aula que favorezca el intercambio sin bloqueos, de ahí que sea esencial conocer las pasiones y gustos del grupo ...y que ello nos permita además vincular la oralidad con otras artes y otras expresiones comunicativas...
ResponderEliminarSaludos cordiales, Juany
Las dinámicas que me gustaría implementar como futura docente en el aula serían las siguientes:
ResponderEliminar1. Las dramatizaciones cortas, personalmente lo he practicado y me parecen una buena forma de fomentar la oralidad, pues que no solo tienen que hablar entre ellos para crear la escena personalidad, sino que también la representarán delante de sus compañeros.
2. Otra actividades pueden ser las historias colaborativas, donde un estudiante o la docente inicia una historia y los demás la continúan oralmente.
3. Los juegos de improvisación también me parecen una buena forma de favorecer la oralidad, dependiendo que estemos trabajando en clase un alumno o alumna tiene que desarrollar un tema o una palabra al azar en 1-2 minutos.
Esas
Las dinámicas que me gustaría implementar como futura docente en el aula serían las siguientes:
ResponderEliminar-Las dramatizaciones cortas, porque obligan al alumnado no solo a hablar, sino también a trabajar lo no verbal y lo paraverbal al representar una escena delante de sus compañeros.
-Las historias colaborativas, donde alguien inicia un relato y el resto lo continúa oralmente, ya que fomentan la escucha activa y la construcción conjunta del discurso.
-Los juegos de improvisación, en los que, a partir de un tema o palabra al azar, tengan que hablar durante 1-2 minutos, lo que ayuda a ganar soltura y confianza.
-Los mini elevator pitch, porque me parecen muy útiles para que aprendan a organizar ideas y expresarse de forma clara y convincente en poco tiempo.
-El comentario de vídeos, que puede servir tanto de modelo como de punto de partida para que opinen y argumenten oralmente.
Si de verdad queremos trabajar la oralidad, hace falta crear momentos para que el alumnado hable con intención, escuche, improvise, argumente y también tome conciencia de cómo comunica.
ResponderEliminarAlgunas de las dinámicas que se me ocurren pueden ser: debates breves, tertulias, entrevistas por parejas, lecturas dramatizadas, juegos de rol, podcasts, narraciones orales a partir de imágenes u objetos, exposiciones relámpago o comentarios orales sobre materiales auténticos. Todas ellas permiten que el alumnado practique diferentes formas de hablar y no siempre el mismo tipo de intervención.
El elevator pitch me parece una dinámica muy potente porque obliga a condensar una idea, defenderla con claridad y captar la atención en muy poco tiempo. Es breve, exigente y muy real. En el fondo, enseña algo importante: que comunicar bien no es hablar mucho, sino decir lo esencial de forma convincente.